miércoles, 19 de diciembre de 2007

PASTEL DE MANZANA CASSOT



Entre las historias , mitos y por qué no decirlo, leyendas familiares que más interés despiertan en el conciente colectivo familiar de nuestros más núbiles miembros y también de algún despistado familiar más vetusto, está sin lugar a dudas el origen de la RECETA DEL PASTEL DE MANZANA CASSOT, que llegó desde la natal Francia celosamente guardada dentro de un calcetín viajero.

Algunos dicen que la receta familiar secreta es sólo un mito creado por una tía CASSOT , cuyo nombre me guardaré por cariño, y que copió de una revista ( alemana, por cierto), para dar alguna identidad a la familia cuando ella vivía en Los Ángeles.

Otra vertiente histórica investigatiba nos dice que un antepasado nuestro en Francia murió quemado justo cuando estaba en el proceso de horneado del pastel ataviado de su camisón de dormir preferido, su veracidad aún no ha sido comprobada.

No pocos han sido los CASSOT que, haciendo alarde de sus dotes culinarias y a expensas del sabroso pastel, han usufructuado de graciosos favores de damiselas ávidas de nuevos y dulces sabores.

Fue justamente en una de estas jornadas amatorias en que nuestro primo JJ (usaré solo iniciales para proteger su identidad) invitó a su bulín a una doncella con el pretexto de degustar el mentado PASTEL.

Siendo ya cerca de la media noche y viendo éste que la damisela no cedía a sus requiebros amorosos, en un arranque de desesperación y por que no decirlo de frustración, se comió todo el pastel, lo que le ocasionó una diarrea fenomenal acompañada de una furibunda flatulencia nauseabunda.

El final de esta noche de pasión es de imaginar.......... un rotundo fracaso para JJ (otro más). Lo único claro que salió de esta funesta, ruidosa y maloliente experiencia, fue que JJ, para proteger la receta secreta ante el requerimiento de la dama, ya blanco y desfalleciente por la deshidratación diarreica señala un cuadro de Napoleón colgado en la pared diciendo:
-¿Sabes por qué don Napo tiene la mano dentro de la chaquetilla? La chicuela con seño fruncido responde con otra interrogante diciendo:
-¿Por qué?
Entonces JJ con cara de suficiencia y con gesto burlón le responde:
-Para guardar la receta secreta del PASTEL DE MANZANA CASSOT.

He querido relatar así de forma desordenada, lúdica casi juvenil, la historia de esta tradición culinaria familiar. Que les aproveche.
C.I.S.C. (Para proteger su vida)

martes, 18 de diciembre de 2007

Feliz Cumpleaños Ramón !!!!


Un día 19 de diciembre de 1943 llegó a este mundo don Jorge Ramón Jara Morgan, quien pasó oficialmente a formar parte integrante y activa del clan cassot el 1° de mayo de 1971, al contraer matrimonio con Georgette Cassot, más conocida como Yoya. Se le conoce por sus habilidades para matar cerdos utilizando sólo un fósforo, así como por su capacidad para comer hasta provocarse una hernia al hiato.....pero sobre todo !!! por ser la única persona que ha sido capaz de aceptar y comprender la relación fatal que mantiene la yoya con la escoba, el plumero y en general cualquier utencilio que tenga como propósito el aseo y ornato.
Feliz cumpleaños Ramón !!!
Un gesto de amor y agradecimiento de sus hijos Jorge y Pati.
Autor del video: Pati

lunes, 17 de diciembre de 2007

DOS BOHEMIOS BISOÑOS




Regístrese en los anales de la familia, la anécdota de los -a la sazón- muy jóvenes hermanos Salas Cassot, de la rama coronelina. Este par solía dejarse caer, más o menos frecuentemente, por las agitadas francachelas nocturnas de la comarca.

Con un padre asaz severo y restrictivo, no contaban con el debido permiso para sus escapadas clandestinas. ¡Y vaya si lo eran!: para salir de casa sin ser advertidos por su estricto padre, esperaban a que éste se durmiera profundamente. Sólo entonces ponían en marcha su operación de escape. Bajaban desde el segundo piso, descalzos y en pijamas, sigilosamente, por la crujiente escalera de su casa, entraban con movimientos felinos hasta el baño, cerraban cuidadosamente la puerta y, mudándose su ropa de dormir por la tenida de moda, peinando y acicalando sus porfiadas cabelleras, quedaban prestos para la farra de la ocasión.

Sin llave para abrir la puerta de calle a la vuelta, porque su padre no autorizaba que se les diera aún, según estimaba, por su incipiente juventud, abrían la ventana del baño que daba a la calle, apagaban la luz, y se descolgaban como ágiles simios hasta el suelo. Dejando apenas junta la ventana, partía el par de noctámbulos a dar rienda suelta a sus desaforados hábitos de juerga.

Una noche aciaga e infortunada se les cruzó a este par de granujas. Entonces, y sin que ellos lo sospecharan siquiera, ¡se develó el secreto de sus fugas! Poco antes de la madrugada, llegaron alegres y achispados como siempre, y se aprestaron a repetir la maniobra de ingreso por la ventana, de retorno a sus cálidas camas que les esperaban para reponerse de la proverbial curda nocturna. Pero, ¡la luz del baño estaba encendida! A media voz, susurrantes, ambos se recriminaban por haber olvidado ese importante detalle, y se culpaban mutuamente. Iniciaron la escalada. El más liviano, alzado por su hermano y compinche de gamberradas, abrió sigilosamente la hoja de la ventana, asomó su cabeza y, ¡Oh sorpresa!, desde abajo, sentado en el excusado, con el esfínter repentinamente contraído por el alerta emergente, con la cara descompuesta y los ojos desorbitados, estaba su sorprendido progenitor, agarrado de sus caídos pantalones, contemplando el rostro del presunto intruso. ¡Pillados!

El asombrado padre, dio en suspender abruptamente su relajada y aliviadora función de evacuación, necesidad que le aconteciera tan extemporáneamente a esa hora… ¡y justo esa noche! Luego de abrirles la puerta de calle, para que ingresaran con más dignidad a casa, les interrogó severamente. ¿Cuánto tiempo hace que están haciendo esto?, les espetó con voz tonante: dos años, fue la débil respuesta de los abochornados gamberros. ¡Dos años! El padre, entonces, cayó en la cuenta de que ya no ejercía tutelaje sobre inocentes e ingenuos imberbes: sus angelicales potrillos ¡se habían convertido en alzados potros sin corral! Asignó los castigos que estimó necesarios, por el engaño reiterado, asumió que sus esfuerzos paternales ya estaban excedidos de rigor, y aceptó entregarles llave de la casa al par de tunantes que, con todo, ¡se salieron con la suya… una vez más!
E.B.C.R.

viernes, 7 de diciembre de 2007

Todo comenzó en Agen (III parte)



EL MATRIMONIO CASSOT SEPÚLVEDA

Monsieur Etienne Baptiste Cassot Valadier y doña Matilde Sepúlveda Sepúlveda se casaron el 27 de agosto de 1910, en la ciudad de Los Ángeles. Él tenía 26 años de edad y la abuela 29.

La abuela Matilde tenía, en la composición de su sangre, el factor RH negativo. Como es sabido, esta deficiencia biológica produce después del primer parto, dificultad de permanecer con vida para una criatura recién nacida. Hoy día es una contingencia médica de poca envergadura. En aquel tiempo era insoluble y los niños nacidos después del primero, que lograban superar las primeras horas posteriores al parto, eran extremadamente pocos. Así, este matrimonio vio nacer con alegría a Juan Armando Cassot Sepúlveda, en Los Ángeles, el 18 de Mayo de 1911. Sus nombres estaban ya señalados por una antigua tradición familiar, traída desde Francia por el abuelo Etienne Baptiste: El hijo hombre mayor debía llamarse como su abuelo: Jean Armand en este caso, y por primera vez ambos nombres serían en castellano, inaugurando el ciclo chileno de esta tradición que no sabemos cuando comenzó. En los años siguientes verían partir a sus hijos, uno a uno, con gran desconsuelo. Tres o cuatro fueron los alumbramientos fallidos.

Los Cassot Sepúlveda vivieron en la ciudad de Los Ángeles hasta 1925. Durante el tiempo que permanecieron allí distintas suertes cayeron sobre esta familia. El nacimiento de Juan Armando les trajo alegría pero la muerte de la bisabuela Eduvijes, el 12 de Octubre de 1911, a los 71 años de edad, y los sucesivos fallecimientos de los otros hijos recién nacidos, sumados a la irregular situación de los negocios del abuelo que finalmente acabaría en la quiebra, les trajo grandes penas y les obligó a buscar mejor fortuna en Santiago, instalándose en la casa de Bascuñan Guerrero Nº293.

En la capital, el abuelo encontró la ayuda de los Halçartegaray, familia vascofrancesa que se dedicaba al rubro de la curtiembre de cueros para calzados. Se incorporó a esta empresa como contador y alcanzó, con los años, gran éxito profesional y prosperidad económica. Entonces adquirió una propiedad en la localidad de Maipú, pueblo casi rural, a pocos kilómetros del centro de Santiago y cercano a su lugar de trabajo, por el sector industrial de Los Cerrillos. También adquirió un automóvil americano de lujo, marca Nash, 1930 que le conducía un chofer. Estos y otros bienes le proporcionaron a la familia un buen vivir. De espíritu afable, este pequeño núcleo familiar, casi sin lazos de parentesco, se rodeó pronto de un buen círculo de amistades provenientes de Santiago y del mismo Maipú.

En esos años el abuelo tenía una activa vida social, acorde con las costumbres de los altos funcionarios de empresas. Asistía habitualmente a la ópera y a los conciertos sinfónicos, para los que le reservaban los abonos de las temporadas del Teatro Municipal. Normalmente asistía acompañado de nuestro padre, porque a la abuela no le entretenía mucho esta práctica cultural. También, el abuelo era socio muy activo del Círculo Francés de Santiago, en donde solía compartir con sus compatriotas gabachos. Allí conoció a monsieur Vanault, un francés que llegó a ser casi parte de nuestra familia después de la muerte del abuelo. Se ha sabido, además, que Esteban Cassot Valadier era el socio número 453 del Centro Vasco de Santiago y su ingreso, el 3 de Septiembre de 1932, fue patrocinado por F. Halçartegaray y J. Teillery, en una afiliación que aún no nos explicamos. Talvez lo haga la previa residencia del abuelo en Saint Palais, del País Vasco francés, donde adquirió cierto sentimiento de arraigo antes de embarcarse rumbo a Chile. Lo explicaría mejor, ciertamente, un hipotético origen vasco de alguno de los apellidos de nuestro abuelo, pero no sabemos ni remotamente que así sea.

La empresa de curtiembres de los Halçartegaray progresó también por esos años abriendo, en 1928, una fábrica complementaria de calzados conocida hasta hoy como Fábrica de Calzados Guante. El abuelo trabajó como contador de estas empresas hasta un par de años antes de su muerte, entonces debió renunciar debido a su precario estado de salud, deteriorado por una severa afección cardiaca que pronto se lo llevó.

En estos dos últimos años de vida del abuelo, la pequeña fortuna familiar se consumiría entre los tratamientos y cuidados del enfermo y las necesidades de subsistencia de la familia. Primero se vendió el auto y, al poco tiempo, se vendió la casa. Juan Armando, el único hijo del matrimonio, teniente de Carabineros y casado recientemente con doña María Eliana Rojas Bobadilla, se llevó a sus padres a vivir con él en casa de nuestra tía abuela, doña Dominga Bobadilla, quién los acogió a todos en su amplia propiedad.

A los pocos meses murió el abuelo Esteban, el 19 de Noviembre de 1941, 8 años antes que lo hiciera la abuela Matilde.
E.B.C.R.

Todo comenzó en Agen (II parte)


DOÑA MATILDE SEPÚLVEDA SEPÚLVEDA

Matilde, había llegado al mundo como hija natural, nacida de doña Eduvijes Sepúlveda Reytt, de 41 años de edad a la fecha del alumbramiento. Eduvijes era hija de don Bartolomé Sepúlveda y de doña Dolores Reytt, nacidos talvez en la década de 1820, una familia honorable que no le permitió, a esta hija madura, permanecer en el seno familiar con el estigma de parir en estado de soltería. Eran tiempos muy severos.

Doña Eduvijes Sepúlveda Reytt debió abandonar el hogar paterno en Chillán o Angol, (no es seguro), y buscar protección en casa de familiares o amigos más comprensivos. Así llegó a Los Ángeles para dar a luz a Matilde, el 15 de Marzo de 1881.
El padre, que no reconoció legalmente a su hija, era un Coronel del Ejército de Chile que estaba destinado a un regimiento acantonado en la ciudad de Angol. Este bisabuelo era de directo origen alemán.

El largo romance que la bisabuela Eduvijes mantuvo con este oficial de prusiano talante, duró varios años y prometía convertirse en matrimonio, de no ser porque el hombre estaba separado de su primera esposa, pero impedido por la ley para contraer segundas nupcias. Tampoco era cuestión de llegar y convivir en esos días: no se los permitía, a ambos, la moral social y, menos a él, la disciplina militar. Las promesas de amor legal, pues, quedaron rotas y sacrificadas en nombre de su carrera de soldado de la patria. La criatura, en consecuencia, quedó privada de llevar el apellido paterno.

En las anotaciones oficiales que obran en el Registro Civil, figura nuestra abuela Matilde como hija de don Anacleto Sepúlveda y doña Eduvijes Sepúlveda, soltera, nacida aproximadamente en 1840, ya que tenía 71 años de edad a su muerte, el 12 de Octubre de 1911.

La bisabuela Eduvijes crió a la abuela Matilde como a una señorita de su tiempo. Educada para ser una buena esposa, con cultura, y habilidosa en la confección de laboriosos tejidos y bordados que aplicaba al vestuario, la mantelería y otras delicadas manualidades, administradora exigente de la economía doméstica, conocedora de los protocolos y reglas de urbanidad y de la fina gastronomía. Todo ese bagaje le llevó luego a formar parte del cuerpo de profesoras de un colegio técnico femenino, en donde se formaban las señoritas de la clase media de la época.

Un historiador residente en la ciudad de Los Ángeles le contó a nuestro padre, que una Sociedad Mutual de la ciudad le encargó a la abuela Matilde la confección de su primer estandarte. La pieza, que data de la primera década del siglo veinte, es una fina seda, rica y laboriosamente bordada con hilos dorados y que, después de más de noventa años, aún se conserva expuesta en un salón del local institucional.

Matilde conoció, a fines de 1909, al francés monsieur Etienne Baptiste Cassot Valadier, con quién se casaría más tarde, manteniendo un matrimonio de largos 31 años, hasta la muerte del abuelo.

Ella sobrevivió a su esposo y, finalmente, murió en Santiago, el 29 de Enero de 1950, cuando tenía 68 años de edad. Sus restos descansan, junto al abuelo Esteban, en el mausoleo familiar del Cementerio General de Santiago.
E.B.C.R. (Editado)

sábado, 1 de diciembre de 2007

viernes, 30 de noviembre de 2007

Todo comenzó en Agen (I parte)




MONSIEUR ETIENNE BAPTISTE CASSOT VALADIER

En Mayo de 1909, un barco trajo desde Francia hasta Valparaíso a Etienne Baptiste Cassot Valadier, un contador de 25 años de edad que venía desde el País Vasco francés. Allí residió por razones de trabajo, en la villa de Saint Palais, desde que dejó a su familia en Agen, su ciudad natal, en el departamento de Lot et Garonne, región de Aquitaine.

Etienne Baptiste fue inscrito ante el oficial civil Pierre Castet de la Ville d‘Agen el 27 de Octubre de 1883, presentado por su padre Armand Cassot, zapatero, de 37 años de edad, quién declara que la criatura había nacido el día anterior, el 26 de Octubre de 1883 de su esposa Marceline Valadier, dueña de casa, de 35 años de edad, en su domicilio de la rue Camille Desmoulins Nº44, de la misma villa.

Monsieur Jean Armand Cassot, su padre, nacido en 1856, era un agricultor que trabajaba algunas tierras de su propiedad en las cercanías de Agen. Luego de sufrir cierta enfermedad que le mantenía postrado en su cama, casi paralítico, un día murió trágicamente quemado en un incendio. Era de noche y le habían llevado al excusado, una caseta de madera separada de la casa. Le dejaron instalado allí para que hiciera sus necesidades, alumbrado con una vela encendida. Él, según se presume, debió moverse acercando su camisón de dormir hasta la vela que ardía, iniciando el incendio de la caseta donde se quemó tan gravemente que le sacaron de allí ya fallecido. Para quienes somos sus descendientes nos decepciona un poco este triste final del bisabuelo francés.

De las andanzas del abuelo por su tierra natal tampoco se sabe mucho. Sólo que estudió Contabilidad y se convirtió en un joven y muy competente contador. También sabemos que allá fue desde temprano un adolescente culto, buen lector, gran amante de la música seria y apasionado de la lírica. Y que fue un deportista amateur que practicaba con gran rigor el ciclismo, llegando a participar en un torneo nacional, paralelo al famoso Tour de France que parte en 1903. Buen católico, fue gran devoto de la Virgen de Lourdes a cuyo santuario peregrinaba todos los años mientras permaneció en Francia. Esta devoción se la inculcaría a todos los suyos en Chile. Una imagen de la Virgen de Lourdes permanece en un pequeño altar del mausoleo de nuestra familia, en el Cementerio General de Santiago, velando los restos de nuestros difuntos.

Desembarcó, pues, en el muelle de Pancho este francés que venía a trabajar en el puerto, en las oficinas de una compañía de comercio internacional que le había contratado y traído desde su patria. En Valparaíso permaneció algunos meses pero luego fue trasladado a la sureña ciudad de Los Ángeles, por entonces una localidad de mucha actividad agrícola, en donde la Compañía aquella había instalado un depósito del rubro agrario y al que puso a cargo de este joven contador.

Por esos años conoció a doña Matilde Sepúlveda Sepúlveda, profesora de un colegio de señoritas y con la que se casaría algún tiempo después, dando origen al núcleo paterno de la familia que nos cobija.

Después de pocos años, Etienne Baptiste se independizó y se instaló con una zapatería propia en el centro de la ciudad, en la esquina de las calles Colón y Rengo, convirtiéndose en un incipiente comerciante. Más tarde, probando mejor suerte asumió como contador de una empresa de curtiembre y calzados en Santiago, donde prosperó y terminó su carrera.

Una enfermedad cardiaca, de mal pronóstico en ese tiempo, lo abatiría el 19 de Noviembre de 1941, cuando tenía 58 años, dos meses antes que naciera su esperado primer nieto.
E.B.C.R. (Editado)

jueves, 29 de noviembre de 2007

Clan Cassot

Aquí está al árbol genealógico hasta la antepenúltima generación. Desde los cuarentones en adelante, es nueva tarea a desarrollar:
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miércoles, 28 de noviembre de 2007

El Héroe de la familia



Claudio, rayando la papa en su época estudiantil con las historietas del héroe nacional Super Cifuentes, cual Quijote que hace un mundo de su imaginación, se convirtió en el temido héroe de protesta de saludeconomíaeducaciónviviendaetc, y nadie se salva, aquí le vemos en su mejor momento... le acaban de multar por no pago de impuesto que da derecho a volar libremente por cielos chilenos.