viernes, 7 de diciembre de 2007

Todo comenzó en Agen (II parte)


DOÑA MATILDE SEPÚLVEDA SEPÚLVEDA

Matilde, había llegado al mundo como hija natural, nacida de doña Eduvijes Sepúlveda Reytt, de 41 años de edad a la fecha del alumbramiento. Eduvijes era hija de don Bartolomé Sepúlveda y de doña Dolores Reytt, nacidos talvez en la década de 1820, una familia honorable que no le permitió, a esta hija madura, permanecer en el seno familiar con el estigma de parir en estado de soltería. Eran tiempos muy severos.

Doña Eduvijes Sepúlveda Reytt debió abandonar el hogar paterno en Chillán o Angol, (no es seguro), y buscar protección en casa de familiares o amigos más comprensivos. Así llegó a Los Ángeles para dar a luz a Matilde, el 15 de Marzo de 1881.
El padre, que no reconoció legalmente a su hija, era un Coronel del Ejército de Chile que estaba destinado a un regimiento acantonado en la ciudad de Angol. Este bisabuelo era de directo origen alemán.

El largo romance que la bisabuela Eduvijes mantuvo con este oficial de prusiano talante, duró varios años y prometía convertirse en matrimonio, de no ser porque el hombre estaba separado de su primera esposa, pero impedido por la ley para contraer segundas nupcias. Tampoco era cuestión de llegar y convivir en esos días: no se los permitía, a ambos, la moral social y, menos a él, la disciplina militar. Las promesas de amor legal, pues, quedaron rotas y sacrificadas en nombre de su carrera de soldado de la patria. La criatura, en consecuencia, quedó privada de llevar el apellido paterno.

En las anotaciones oficiales que obran en el Registro Civil, figura nuestra abuela Matilde como hija de don Anacleto Sepúlveda y doña Eduvijes Sepúlveda, soltera, nacida aproximadamente en 1840, ya que tenía 71 años de edad a su muerte, el 12 de Octubre de 1911.

La bisabuela Eduvijes crió a la abuela Matilde como a una señorita de su tiempo. Educada para ser una buena esposa, con cultura, y habilidosa en la confección de laboriosos tejidos y bordados que aplicaba al vestuario, la mantelería y otras delicadas manualidades, administradora exigente de la economía doméstica, conocedora de los protocolos y reglas de urbanidad y de la fina gastronomía. Todo ese bagaje le llevó luego a formar parte del cuerpo de profesoras de un colegio técnico femenino, en donde se formaban las señoritas de la clase media de la época.

Un historiador residente en la ciudad de Los Ángeles le contó a nuestro padre, que una Sociedad Mutual de la ciudad le encargó a la abuela Matilde la confección de su primer estandarte. La pieza, que data de la primera década del siglo veinte, es una fina seda, rica y laboriosamente bordada con hilos dorados y que, después de más de noventa años, aún se conserva expuesta en un salón del local institucional.

Matilde conoció, a fines de 1909, al francés monsieur Etienne Baptiste Cassot Valadier, con quién se casaría más tarde, manteniendo un matrimonio de largos 31 años, hasta la muerte del abuelo.

Ella sobrevivió a su esposo y, finalmente, murió en Santiago, el 29 de Enero de 1950, cuando tenía 68 años de edad. Sus restos descansan, junto al abuelo Esteban, en el mausoleo familiar del Cementerio General de Santiago.
E.B.C.R. (Editado)