Como las flores, te cierras cuando el sol se ha ido,pero hoy te abres definitivamente
en toda tu hermosura de alma enamorada de la vida
ante la luz eterna que nos espera.
Como los árboles, anidas nuestros sueños
y refrescas la tierra que sostiene los frutos
de tu lucha y tu sonrisa siempre fresca
a pesar de las agonías.
Como las aves de alas extendidas, abrazas el cielo
y diriges tu vuelo seguro a lo infinito,
porque siempre supiste abandonar la tristeza
y la desesperanza ante los dolores propios y ajenos.
Como el mar y la playa, tienes un modo apasionado
de dialogar con la vida que te devolvió tantas veces a la orilla,
para recuperar fuerzas y abrirte paso nuevamente
en encrespadas olas llenas de amor y fortaleza sublimes.
Como un lucero, dejas inscrito en nuestro corazón
esa inquietud titilante de tu amor por la vida,
haciéndote siempre entrega, consuelo, aliento,
porque de muchas maneras nos dijiste: te quiero.
Como los ríos, por tus venas corre hoy una sangre pura y clara,
fresca y vivificante, que deja atrás un pasado
que ya ni vale la pena recordar, porque siempre caminaste hacia adelante,
tu cauce y el torrente de tus aguas suavizó las piedras
que tanto te hirieron en tu afán por vivir intensamente.
Como a un hijo del Sol eterno te pregunto:
¿qué miras desde allá?, ¿puedes ver nuestros corazones
en comunión con el tuyo, tratando de aprender a palpitar
con la fuerza y la pasión con que tú lo hiciste?,
¿alcanzas a percibir el orgullo de tener parte en tu vida
que nos dejas atesorando en los recuerdos?
Nos lo dirás cuando nos encontremos,
cuando al fin, la unión de nuestras almas sea una realidad eterna,
una promesa infinitamente cumplida,
un regalo que se abre ofreciendo todo el sentido
de nuestro ser que se aventura peregrinando por esta vida.